Psicodélicos – Iluminado o Demente

Algunos de ustedes que están leyendo esto probablemente ya han probado las drogas psicodélicas. Son esas que elevan tus sentidos y te hacen alucinar, no necesariamente visualmente. Hoy no estaremos hablando este nuestras palabras. Si no que te compartiremos una traducción y resumen de un artículo escrito por Sam Harris titulado: Las Drogas y el Significado de la Vida (Drugs and the Meaning of Life que puedes leer completo y en inglés aquí)

Las Drogas y el Significado de la Vida

Todo lo que hacemos tiene el propósito de alterar nuestra conciencia. Creamos amistades para poder sentir ciertas emociones, como amor, y evitar otras, como la soledad. Comemos comidas específicas para disfrutar de sus sabores en nuestras lenguas. Leemos por el placer de pensar a través de los pensamientos de otra persona. Todo momento en que estamos despiertos, e incluso en nuestros sueños (dormidos), batallamos para dirigir el flujo de sensaciones, emociones y aprendizajes hacia estados de la conciencia que valoramos. 

Las drogas son otro medio por el cual podemos conseguir esto. Algunas son ilegales y otras están estigmatizadas; algunas son peligrosas – sin embargo, estas últimas cosas raramente se interceptan. Hay drogas increíblemente poderosas y con gran utilidad como la psilocibin (el componente activo de los “hongos mágicos”) y el LSD que no cuentan con un riesgo aparente de adicción y son bien toleradas físicamente, y aún así, uno puede terminar en la cárcel por su uso – mientras drogas como el tabaco y el alcohol, que han arruinado millones de vidas, son disfrutadas y permitidas en casi cualquier sociedad en el mundo. Hay otros puntos en este espectro, el MDMA o éxtasis, tiene uso terapéutico potencial y es también susceptible a abuso, aparentemente también es un neurotóxico. 

Una de las grandes responsabilidades que tenemos como sociedad es educarnos a nosotros mismos, junto con la siguiente generación, sobre qué sustancias vale la pena ingerir y cuales no, y para qué propósito. El problema, sin embargo, es que nos referimos a todas las sustancias biológicamente activas con un término simplista como lo es “drogas” y esto hace que sea casi imposible tener una discusión inteligente sobre las propiedades médicas, psicológicas, éticas y legales al rededor del consumo. La pobreza de nuestro lenguaje ha sido cambiada de forma muy vaga con la introducción de términos como psicodélicos para diferenciar a los componentes visuales que pueden provocar un estado extraordinario de extasí, de los narcóticos y otros agentes de estupefacción y abuso. 

La adicción a las drogas y el abuso de las mismas son problemas reales, por su puesto – la solución para las cuales es la educación y el tratamiento médico, no la cárcel. De hecho, las peores drogas de abuso en los Estados Unidos de América son medicamentos para el dolor como el oxycodone. ¿Deberían de ser ilegales estos medicamentos? Por su puesto que no. Las personas necesitan estar informadas sobre ellos, y los adictos necesitan tratamiento. Y todas las drogas  incluyendo el alcohol, los cigarros y la aspirina – deben de mantenerse fuera del alcance de los niños.

En mi primer libro The End of Faith, discuto sobre algunas de las políticas públicas al rededor de las drogas. La “guerra contra las drogas” ha sido un desastre y nunca debió de haberse peleado. Mientras no está explícitamente expuesto en la constitución de los Estados Unidos, no se me ocurre un derecho político más fundamental que el derecho a ingerir de forma pacífica las sustancias que quiera para alterar mi conciencia. El hecho de que arruinamos la vida de personas (sin ningún propósito) que usan drogas al meterlos a la cárcel, a un costo enorme, constituye una de las fallas morales más grandes de nuestros tiempos. (Y el hecho de que hagamos espacio en nuestras prisiones perdonando a violadores y asesinos, nos hace pensar en que la civilización está prácticamente perdida.)

Yo tengo una hija que algún día va a usar drogas. Claro, voy a hacer todo lo que se encuentre en mi poder para que escoja sabiamente, pero una vida sin drogas no es posible ni deseable. Algún día, espero que disfrute una taza dee café o té por la mañana tanto como yo lo hago. Si mi hija desea tomar alcohol en su vida adulta, como probablemente lo hará, le pediré que lo haga de forma segura. Si desea fumar marijuana, le pediré moderación. El tabaco debe de estar prohibido, claro y haré todo lo que esté en mi poder para alejarla de eso. Creo que no es necesario decirlo, pero, si desarrolla el gusto por metanfetaminas o por el crack y cocaína, puede ser que no vuelva a dormir de nuevo. PERO si no usa un psicodélico como el LSD o los hongos al menos una vez en su vida adulta, me voy a preocupar porque pensaré que se ha perdido de una de las mejores experiencias y rituales que un ser humano puede experimentar.

Con esto, no estoy intentando decir que todos deben de usar psicodélicos. Como lo diré más claramente abajo, estas drogas tienen ciertos peligros. Sin duda alguna, hay personas que no pueden darse el lujo de hacer una prueba a su salud mental ni tantito. Han pasado ya muchos años desde que usé drogas psicodélicas por última vez, de hecho, y mi abstinencia nació de un respeto saludable que le tengo a los riesgos que hay. Sin embargo, hubo un periodo en mis 20’s cuando descubrí las drogas como el LSD y que estas eran indispensables para aumentar la visión; de hecho, muchas de las horas más importantes en la vida, se dieron bajo la influencia de psicodélicos. Creo que es posible que nunca hubiera descubierto que había un paisaje mental interno que valía la pena explorar sin haber tenido esta ventaja farmacológica.

Estos encuentros te cambian para siempre. Aún y cuando las drogas como el LSD son seguras biológicamente, el potencial para tener un “mal viaje” es muy alto. Creo que yo he sido afectado de forma positiva por semanas y meses por mis “buenos viajes” y de forma negativa por los malos. Es como una apuesta y lo único que puedo recomendar es tener cuidado.

Mientras la meditación puede abrir la mente de una forma similar, no se alcanzan los mismos niveles que con los psicodélicos. Si el LSD es como ir atrapado a un cohete, aprender a meditar es como despegar suavemente. Si, es posible, aún con guía, terminar en un lugar terrible y hay personas que probablemente deben practicar intensamente. Pero en general, el efecto del entrenamiento de la meditación genera menos sufrimiento.

Lee el artículo completo aquí.

Nota y conclusión: el autor termina por concluir que el uso de drogas psicodélicas te pueden hacer sentir como un iluminado y todos nos merecemos sentir iluminados al menos una vez en la vida, mientras que también un mal viaje, puede hacernos sentir como un enfermo mental y, esto puede ser bueno al aprender sobre enfermedades mentales  y ser más empáticos con estas.

 

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